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El 80% de los cuidadores de ancianos trabajan sin contrato y cuentan con una formación deficiente
"Donde mejor se está es en casa". Este es el lema que comparten muchas personas mayores y que tratan de hacer posible los servicios de ayuda a domicilio y teleasistencia. Los expertos coinciden en que el ingreso del anciano en una residencia puede conllevar un importante desarraigo emocional, por lo que es conveniente retrasar o evitar ese abandono del hogar mientras sea posible. Nuestros mayores quieren envejecer en su hogar, junto a los suyos y rodeados de sus pertenencias.
El cuidador principal de las personas mayores ha sido tradicionalmente un miembro de la familia, sobre todo la mujer. Ahora, con su incorporación al mundo laboral, el día a día ha cambiado, lo que origina que muchas personas mayores estén solas en su propio domicilio durante una gran parte del día o que vivan en total soledad, para preocupación propia y de sus familiares. Esta atención y preocupación por el bienestar de los mayores representa para la familia la planificación y movilización de una cantidad nada desdeñable de recursos humanos, afectivos, materiales, sociales y económicos.
Se calcula que el 80% de los cuidadores de ancianos trabajan sin contrato y sin cualificación profesional
Se estima que en España hay un 1.700.000 mayores dependientes: cerca de un millón de ellos necesitan ayuda al menos una vez a la semana, unos 500.000 una ayuda diaria y unos 200.000 necesitan ayuda un mínimo de tres horas diarias. Según el estudio "Dónde y cómo prefieren vivir los mayores", realizado por el Instituto Edad y Vida, el 78% de los mayores de 55 años preferiría recibir servicios de atención domiciliaria en su vivienda habitual en caso de una hipotética dependencia. A este respecto, los servicios a domicilio intentan ayudar a la persona que ha perdido autonomía, tanto desde el punto de vista sanitario como de sustitución de las necesidades o capacidades perdidas. Los servicios prestados, además de amplios (ayuda para la higiene personal, movilidad o la alimentación, limpieza de la casa, preparación de la comida, asistencia para realizar gestiones fuera del hogar, compañía, etc.), son muy variados: desde un par de horas a la semana hasta un servicio 24 horas al día, siete días a la semana, con la consecuente variación en precio. No obstante, su principal valor reside en el apoyo personal, psicológico y sociosanitario que prestan.
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