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El tirón veraniego de la vela, el windsurf o el surf no debe dejar de lado las necesarias medidas de seguridad y urbanidad
El aprendizaje y la práctica de vela, surf y windsurf atraen en nuestro país a miles de personas que cada verano aprovechan sus vacaciones para disfrutar de estos deportes náuticos. La multiplicación de la demanda en estas fechas puede influir en el grado de cumplimiento de las normas de seguridad y urbanidad, muchas veces obviadas por tratarse de prácticas temporales y de carácter aficionado. Diez días de tiempo, el contacto con una escuela federada, la ausencia de problemas cardiorrespiratorios y estar dispuesto a gastar alrededor de 250 euros son las únicas condiciones para iniciarse en ellos. Esta facilidad de acceso se plasma en más ocasiones de las deseables en el olvido de unas reglas, algunas escritas y legisladas, otras tácitas, que intentan evitar el peligro para quien lo practica y para quien comparte las aguas.
Surfear no es sencillo, aunque los conocimientos básicos sobre cómo hacerlo se pueden aprender en unas pocas clases, no más de 20. Para poder recibirlas es necesario tener más de 12 años, saber nadar, contar con un certificado médico que acredite que nos encontramos en óptimas condiciones físicas (el médico de cabecera realiza el examen básico) y abonar unos 250 euros. El precio incluye el alquiler del equipo. Esta actividad cuenta con la ventaja de que no es necesario hacer un examen sobre conocimientos teóricos que permita licenciarse para poder practicarlo, y con la desventaja de que se precisa un alto grado de habilidad e implicación personal. El seguro federativo es obligatorio.
Un buen surfista debe:

El windsurf es un deporte que ha experimentando un gran avance, sobre todo en el campo de la tecnología: se utilizan materiales de vanguardia que logran la adaptación ergonómica de la tabla y la vela a cada deportista. Para gozar de un nivel aceptable se recomienda recibir al menos dos cursos de iniciación básica y otros dos de experiencia avanzada, que se pueden prolongar durante 15 días con dos horas diarias. El precio supera los 300 euros, e incluye el alquiler del equipo. Con ellos se consigue dominar la posición de izada y de navegación ejercitando el equilibrio; aprender a montar y desmontar el aparejo; y dominar conceptos básicos de navegación y rumbos.
También el windsurfista debe conocer sus reglas.
Los cursos para debutante se inician con una breve introducción teórica a los fundamentos básicos de la navegación a vela: aparejo, vientos, trimado o manejo de velas, orza y timón. A continuación se practican las maniobras básicas en un canal balizado y se sale a navegar en el propio barco acompañado de una lancha de seguridad. Esta es la manera más usual de aprender vela ligera. Son necesarias 2 horas diarias durante dos semanas para alcanzar nociones básicas, aunque insuficientes para convertirse en navegante. A pesar de que es un deporte menos físico que el windsurf, el conocimiento de cuestiones de la mar y el uso de aparejos es igual de importante. El precio del aprendizaje no supera los 300 euros.
Normas básicas para la navegación:
Aunque menos populares, cada vez son más quienes practican el kitesurf y el wakeboard, por lo que conviene acercarse a sus normas.
El kitesurf es una actividad del mar y del viento. El deportista se desliza con una tabla sobre el agua, sostenido por una cometa. Es indispensable realizar un curso con monitores titulados y con experiencia para poder personalizar el curso al nivel de cada alumno. El wakeboard es un de los tantos deportes extremos que han aparecido en los últimos años. Consiste en realizar intrépidos saltos y giros utilizando una tabla que se enfrenta a las olas formadas por la embarcación que tira del wakeboarder.
Ambas disciplinas comparten unas normas comunes:
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