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Toxiinfecciones alimentarias, también en Navidad: Unas Fiestas sin sobresaltos

Las reuniones familiares navideñas alrededor de una mesa generosamente surtida de manjares constituyen una costumbre muy arraigada en nuestra sociedad

Los alimentos adquieren un especial protagonismo, centrado en el disfrute y la belleza en la presentación de la mesa y de los platos, elaborados con productos de más calidad de la habitual. Durante unos días, los excesos trasmutan de excepción a norma, y lo placentero se impone a lo saludable. Vista así la cosa, poco puede extrañar que una actividad tan rutinaria como ingerir alimentos pueda transformarse en Navidad en un serio problema para muchas personas, incluso para aquellas que rebosan salud. Esto ocurre porque, a pesar de que los riesgos sanitarios asociados al consumo de alimentos en Navidad son básicamente los mismos que durante el resto del año, los productos que se consumen desde Nochebuena hasta Reyes y la forma en que se realiza la ingesta son muy peculiares y pueden potenciar el peligro de una toxiinfección alimentaria.

Sin duda, la inadecuada manipulación y conservación de los alimentos es la mayor fuente de problemas. Las bacterias son los gérmenes que con más frecuencia producen las intoxicaciones, y actúan mediante la ingestión de los propios gérmenes que se hallan en el alimento.

Generalmente, estos microorganismos no alteran el aspecto normal de los alimentos, por lo que mediante el recurso a los sentidos (apariencia, gusto, olfato, textura...) resulta imposible saber a ciencia cierta si un producto está o no contaminado. Otro elemento agravante es que aunque los alimentos pueden no tener en principio un gran número de gérmenes, la reproducción de éstos es muy rápida (una bacteria puede convertirse en dos millones en siete horas) si se dan las circunstancias apropiadas para ello.

En Navidad, sin embargo, se registran casos de problemas gastrointestinales que los consumidores asocian a toxiinfecciones, que en realidad son indigestiones por consumo de grandes cantidades de alimento o de productos poco amables con el estómago. Resumiendo, que para evitar los disgustos no sólo se han de extremar las medidas higiénicas. La moderación en la ingesta y el sentido común ante la comida y la bebida son indispensables para disfrutar de unas navidades saludables.

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